Feliz otoño

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viernes, 29 de julio de 2016

ENVEJECIMIENTO SOCIOGÉNICO





Los mayores eran tenidos como portadores de los valores esenciales de la sociedad, como la tradición, los principios éticos y morales, las buenas costumbres, la moralidad y la familia. Al entonces “pater familiae” se le consideraba en su ancianidad como fuente primera de conocimiento y valioso instrumento de cordura, moderación, prudencia, mesura, sensatez, sabios consejos, remedios y soluciones para hacer frente a los problemas surgidos en la vida real. Y hasta hace no mucho tiempo, solía emplearse mucho el viejo aforismo de que “las personas y los pueblos que no respetan a sus mayores, no saben respetarse a sí mismos, porque un país que no valora su pasado difícilmente puede mirar hacia el futuro”.

Y ahora que estamos inmersos en un mundo mucho más civilizado y con más medios, cuando tanto culto se rinde a la investigación astral, a los viajes espaciales, a la velocidad supersónica, a la técnica digital, a la tecnología punta y a la juventud, pues aunque tales avances y jóvenes sean sumamente necesarios e imprescindibles porque ellos están llamados a ser el futuro de los pueblos, pues esa realidad no tendría por qué llevar aparejada luego la sistemática devaluación de los mayores. Y es que, en la época que vivimos, es casi consustancial con el progreso y con la juventud la indiferencia, la pérdida de estima, de respeto y de reconocimiento hacia nuestros mayores, sobre todo, si son ya ancianos y no pueden valerse por ellos mismos, que en muchos casos llegan a ser un problema para la familia, para la sociedad y ahora también para algunos políticos radicales que últimamente han emergido, y hasta un estorbo descaradamente confesado. Hoy hay mayores que, además de sufrir la incomprensión y el olvido de los hijos y de la familia, también sufren el de la sociedad que ellos mismos han sustentado con su trabajo, con sus esfuerzos y sacrificios.

Y tal desafección hacia los mayores, creo que trae causa de la pérdida general de valores y principios esenciales que siempre fueron norma de conducta y soporte básico sobre los que se han apoyado las distintas culturas, las sociedades y las familias. Surge de esa forma el conflicto y el choque generacional entre jóvenes y mayores sobre el papel social de los ancianos, con esa falta de consideración y respeto de ahora hacia ellos, que a menudo sufren incomprensión, desprecio, insultos, vejaciones y hasta maltratos físicos y psicológicos, a pesar de que antes dieron la vida a los jóvenes, los criaron, los mimaron y tanto se sacrificaron por ellos, siendo el origen y la fuente de vida de los propios jóvenes que ahora los marginan, los vejan y los repudian. Y este fenómeno viene dándose así, hasta el punto de que los expertos han venido en llamarlo el “envejecimiento sociogénico”, con el que expresan la presión ejercida por los jóvenes contra muchos ancianos por simple gerontofobia. 

De “EL FARO” digital.es

15 comentarios:

  1. En lo que tengo cerca creo que los ancianos ya no son los que dirigen porque han llegado jóvenes y tecnologías, pero aun somos el alma de la familia, nuestra opinión cuenta, se nos respeta y se nos quiere. No puedo entender que se minimice a los mayores porque todos llegaran a serlo y según siembras recoges. Un abrazo

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    1. Además bien sabes que obramos con prudencia y no imponemos nada, damos comprensión y orientación por nuestra experiencia o escarmiento. Aunque se suelen estrellar con sus propias experiencias, como hicimos nosotros.

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  2. Antiguamente entre los 40 - 50 se consideraba ser anciano. En plenitud de facultades mentales. Ahora la longevidad alienta demasiadas enfermedades mentales degenerativas. No son de extrañar ciertas actitudes más juveniles, claro que tampoco les arriendo el futuro que espera a la inconsciente mayoría.

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    1. Efectivamente pueden encontrarse un futuro que ni se imaginan.

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  3. Magnifico lo que nos traes hoy
    Jóvenes que sufrirán en carne propia lo que hoy están sembrando
    Cariños

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  4. Gracias, gracias por hacerme sentir el núcleo, gracias a mis hijos que me valoran más de lo que valgo, gracias por cuidarme, mimarme y preocuparse por mi. GRACIAS.

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    1. Lo sabes tu misma recordando a tus padres. Ahora parece que no importamos nada, pero luego nos echarán de menos sin duda.

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  5. Marcos es un placer regresar a tu blog.

    Creo que la entrada de hoy es bastante interesante y da lugar a un debate muy enriquecedor. Yo soy partidaria del respeto a los mayores, son los que nos dieron la vida y gracias a ellos estamos aquí y creo que la cosa no está peor porque muchas familias tienen a los "abuelos" porque el dinero de su pensión les hace falta.

    Es muy triste que uno llegue al fin de sus días así. Me consuelo pensando que también hay familias que cuidan y valoran a sus mayores y espero no llegar a hacer esto con mis padres nunca porque ellos siempre me han apoyado y ayudado y sería muy feo no hacer lo mismo en sus últimos días (aunque yo espero que tarde mucho en llegar)

    Besos mil

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    1. Amor y respeto. Aunque se suele recoger mayoritariamente lo que se siembra.

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  6. Los mayores son dignos de todo el respeto. Se merecen ser cuidados y atendidos.

    Ellos forman parte de una sociedad de la que hay que aprender muchos valores.

    Un abrazo

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  7. Los mayores son dignos de todo el respeto. Se merecen ser cuidados y atendidos.

    Ellos forman parte de una sociedad de la que hay que aprender muchos valores.

    Un abrazo

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    1. El enfrentamiento generacional siempre ha existido con aquellas tres valoraciones:
      Mi padre lo sabe todo; mi padre no sabe nada; y cuando ya no estás: cuanto sabia mi padre.

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  8. Pero es que yo creo que mucha gente ya no valora nada, no solo a los ancianos. Están como abducidos por las nuevas tecnologías y la sociedad de consumo. Se han perdido los valores.
    Besos, Marcos.

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  9. Por una gran mayoría, y así nos va. Son varias generaciones sin futuro concreto y eso los ha vuelto vividores del momento. Se ha perdido el valor del esfuerzo por labrarse un futuro
    porque se ven incapaces de crear una familia, obtener una vivienda, y el sexo que antes correspondía al matrimonio lo tienen sin compromiso hasta la saciedad. Evidemntemente no tiene nada que ver la persona amada con el desahogo sexual. Afortunadamente siempre hay una minoria que aprecia los valores naturales.

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